Michel
La ruta de regreso es tragada por el silencio. Solo el ronroneo del motor y el cliqueteo regular de los intermitentes puntúan mis pensamientos, oscuros y voraces. El asfalto pasa bajo los faros como una corriente de mercurio. En cada cruce, casi espero ver surgir otro coche, faros enemigos, una trampa tendida. Pero nada. Solo la noche, inmensa y espesa.
Mis dedos arrugan mecánicamente el paquete de cigarrillos en mi bolsillo. Un reflejo, un hábito. Pero no lo abro. No esta noche. Necesit