Michel
Llegaron antes del amanecer. Cinco siluetas impecables en el vestíbulo de nuestro apartamento, silenciosas pero imponentes. Todavía siento la fragilidad de la noche a mis espaldas, el respiro entrecortado de Lucía y los primeros llantos de nuestro hijo, y, sin embargo, el mundo exterior ya se está invitando a pasar.
—Adelante digo, con la voz más firme de lo que me siento.
Cruzan el umbral sin dudarlo, cada paso mesurado, como si el suelo mismo debiera obedecerles. Abello a la cabeza, po