Capítulo 86: La llamada prohibida.
El penthouse estaba en silencio. Las luces de la ciudad brillaban como pequeñas estrellas a través de los ventanales, y el viento nocturno mecía las cortinas con un susurro suave. La noche se había posado sobre la ciudad como un manto de terciopelo oscuro, y el único sonido que rompía el silencio era el leve zumbido de la refrigeración y el latido de su propio corazón. Joaquín estaba sentado en el sofá, con el teléfono en la mano, los dedos tamborileando sobre la pantalla. Llevaba un rato así,