Joaquín mantuvo la calma. Sus dedos tamborilearon suavemente sobre la mesa de caoba, un ritmo que marcaba el tempo de sus pensamientos.
—¿Y qué vas a ofrecerle? —preguntó, con fingida curiosidad, sabiendo que su hermano estaba cavando su propia tumba sin saberlo.
—Dinero. Mucho dinero. Una cifra que no pueda rechazar. Y la oportunidad de ser parte de algo más grande. Algo que trascienda las carreras. Una alianza con una empresa de prestigio. Un legado que vaya más allá de su propia fama.
—¿Pres