La noche fue larga para Joaquín. Dio vueltas en la cama sin poder dormir. Miró el techo. Miró la ventana. Miró la luz de la luna que entraba por los ventanales. Pensó en ella. En Mara. En la bata de lavanda. En sus muslos desnudos. En la forma en que lo miraba cuando le contó la historia del hombro.
—¿Qué me pasa? —murmuró, en la oscuridad—. ¿Qué me pasa?
Se pasó una mano por el cabello. Se incorporó. Apoyó la espalda en la cabecera de la cama.
—No me puedo enamorar de ti —susurró, como si ella