La noche cayó sobre la ciudad. Las luces de los edificios comenzaron a encenderse una a una, como pequeñas estrellas en el firmamento urbano. El penthouse estaba en silencio. Un silencio cómodo, cálido, lleno de la presencia de dos personas que empezaban a conocerse más allá de las palabras.
Mara había llegado hace una hora. Dejó las muestras de tela sobre la mesa de la sala. Se cambió. Se puso una bata suave, de color lavanda, de algodón egipcio. El cabello lo soltó sobre los hombros. Se sentó