La noche entraba por los ventanales del penthouse. Las luces de la ciudad brillaban abajo como un mar de estrellas pequeñas. El silencio era cálido, cómodo, lleno de la complicidad que habían construido en el bar, en la pista de baile, en cada mirada que se habían robado durante la noche.
Mara estaba recostada en el sofá, con la cabeza apoyada en el hombro de Joaquín. El cabello suelto le caía sobre la cara. Los ojos cerrados. Una sonrisa pequeña, de esas que solo salen cuando el alma está tran