Los días previos a la gala transcurrieron como una calma tensa antes de la tormenta. El sol de la mañana entraba por los ventanales del penthouse, bañando los muebles de diseño con una luz dorada que parecía anunciar un cambio inminente. Joaquín se movía entre el penthouse, el hospital y su imperio automotriz con la precisión de un reloj suizo, asegurándose de que cada pieza del plan estuviera en su lugar. Las calles de la ciudad se extendían bajo él como un mapa de sus responsabilidades, pero