Capitulo 15. La tercera noche... y el juego sin reglas
El desayuno fue un campo minado de silencios que gritaban.
Melisa, con el cabello recogido en una coleta alta y un vestido blanco que dejaba al descubierto los hombros, parecía más peligrosa que nunca. El tipo de mujer que entra a un lugar y cambia la temperatura solo con caminar. Sebastián no podía dejar de mirarla. No después de lo que pasó la noche anterior. No después de haberla tenido rendida bajo su cuerpo, gritándole que no se detuviera.
Pero ella actuaba con una calma que lo volvía loco