84.

— Creo que es mejor que hablemos en un lugar más cómodo — dijo el transformista.

Señaló una puerta a la derecha. Caminó hacia ella, la abrió, y todos entramos uno a uno, ya que era una puerta relativamente estrecha.

Entramos a un salón que era completamente diferente a todo lo que habíamos visto dentro del aquelarre. Era amplio, con un enorme tragaluz de forma redonda en el techo que dejaba entrar la blanca luz de la tormenta eterna que azotaba la montaña sobre nuestras cabezas. Había muebles
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