27.
Apreté con fuerza los puños mientras caminaba por los estrechos pasillos de las celdas. Estaban diseñados específicamente para eso: para que cualquier lobo que quisiera entrar o salir del lugar debía hacerlo en su forma humana, en su forma más vulnerable. Mi pecho y mi espalda rozaban con las paredes, pero al fin, cuando logré liberarme del estrecho pasillo y se abrieron las catacumbas del fondo, sentí que la claustrofobia se espantaba un poco.
Apreté con fuerza los ojos después de que Ángel ap