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No fue más que mi puro instinto el que hizo que abriera mi hocico con rapidez. Mi poder de hielo escapó. Me sentía como una especie de dragón, pero en vez de fuego, de hielo, que contrarrestaba la fuerte oleada de candela caliente que lanzaba el vampiro hacia mí.
Ahora estaba más asustada, porque Lilith estaba peleando con su propia madre en el suelo, revolcándose la una contra la otra. Podía escuchar en los pensamientos desesperados de la muchacha cómo intentaba hacer recapacitar a su madre, p