El local era pequeño, pero Victoria se quedó inmóvil apenas entró.
No tenía mármol, ni techos altos, ni una recepción diseñada para impresionar a nadie. Era un espacio sencillo, con paredes claras, ventanales hacia una calle tranquila y una habitación al fondo que podía convertirse en sala de muestras. Había polvo en las esquinas y una mesa vieja olvidada junto a la pared, pero Victoria no vio abandono.
Vio posibilidad.
Daniel entró detrás de ella con la carpeta bajo el brazo.
—No es grande —dij