Adrián se enteró del departamento por accidente.
O, al menos, eso quiso creer.
La mañana había empezado con asuntos de la empresa y una llamada de Regina para recordarle una reunión familiar que él no confirmó. Después, su asistente dejó varios sobres personales sobre su escritorio, mezclados con documentos de la fundación Montenegro.
—Esto parece suyo, señor. Venía con correspondencia de la casa.
Adrián tomó el sobre sin atención, hasta que vio el nombre en la esquina superior.
Victoria Altamir