La cachetada de Isabel resonó en la sala antes de que cualquiera pudiera detenerla.
Fernanda giró el rostro por el impacto y llevó una mano a su mejilla con una expresión de incredulidad absoluta, como si su madre hubiera cruzado una línea que ella jamás creyó posible. Durante años, Isabel había sido la primera en protegerla, justificarla y pedirle al mundo que la tratara con cuidado. Ahora la miraba con una mezcla de horror y decepción que Fernanda no reconocía.
—No vuelvas a decir eso de tu h