La noticia dejó a Isabel inmóvil en medio de la sala.
—¿Cómo que no está en su habitación?
La empleada bajó la mirada.
—Buscamos en el baño, en el vestidor y en la terraza. Su bolso tampoco está.
Ernesto maldijo entre dientes y salió hacia el pasillo, llamando al personal de seguridad. Isabel permaneció unos segundos sin moverse, quizá porque una parte de ella todavía esperaba que Fernanda apareciera con el rostro húmedo, dispuesta a convertir su desaparición en otra escena de sufrimiento. Pero