Adrián no volvió a hablar con Victoria esa noche.
No porque no quisiera.
El teléfono permaneció demasiado cerca de su mano. Varias veces abrió el chat de ella, escribió una frase y la borró antes de enviarla.
Necesitamos hablar.
Sonaba a exigencia.
Perdón.
Sonaba insuficiente.
No quiero que te vayas.
Sonaba a miedo, y Victoria ya le había dejado claro que el miedo no bastaba para retenerla.
Al final dejó el teléfono y miró la habitación que desde hacía semanas le parecía demasiado grande.
De mad