Adrián terminó de escuchar la voz al otro lado de la línea con la mirada fija en la puerta de la habitación de Victoria.
—No quiero errores —dijo en voz baja—. Mi esposa sigue en el hospital y no he tenido oportunidad de hablar con ella al respecto, así que todo debe hacerse con discreción. No importa el dinero.
Guardó silencio unos segundos, oyendo la confirmación final.
—Avísenme cuando esté listo.
Cortó la llamada justo cuando el ascensor privado se abrió al fondo del pasillo.
Regina apareci