Durante los días siguientes, la mansión Montenegro empezó a cambiar con pequeños gestos. Camille aparecía cada mañana con la seriedad de quien no quería molestar, tocaba la puerta y esperaba permiso antes de entrar, siempre con Mathis detrás de ella. A veces llevaba un dibujo; otras, un libro en francés. Al principio hablaban poco: Camille preguntaba si Victoria había dormido bien, Mathis miraba los equipos médicos con desconfianza y Élise, la niñera permanecía cerca, atenta a cada gesto de Vic