Cuando se convenció de que no obtendría respuestas fácilmente Adrián regresó a la habitación de Victoria con una inquietud que no podía mostrarle.
La encontró ya despierta, recostada, pálida todavía, con los labios resecos y el cuerpo tan inmóvil que verlo le cerró el pecho. Había equipos a su alrededor, una enfermera revisaba discretamente las indicaciones y el sonido constante del monitor parecía recordarle que Victoria seguía ahí, viva, pero apenas regresando de un borde que nadie debió obli