La espera fue una forma de castigo.
Adrián permaneció de pie durante la primera hora, caminó durante la segunda y se quedó inmóvil frente a la sala de cirugía durante la tercera, como si mirar las puertas cerradas pudiera obligarlas a abrirse con buenas noticias. Isabel rezaba en voz baja, con las manos unidas contra la frente, mientras Ernesto estaba sentado junto a ella, rígido, con el rostro envejecido por una culpa que ya no podía ocultar.
Regina no dejaba de mirar su teléfono y Adrián se d