Durante los días que siguieron, el hospital se transformó en un tablero de ajedrez para Dante. Se movía por los pasillos con la mirada atenta, vigilando las entradas y salidas de la unidad pediátrica como un cazador paciente que conoce bien su terreno y sabe esperar el momento justo para atacar a su presa.
En su mente, no dejaba de repetir la escena de la oficina como una película en bucle. El sabor de los labios de Karina y la forma desesperada en que ella se había aferrado a él eran la prueba