El eco de los tacones de Karina sobre el suelo pulido del pasillo resonaba con urgencia, marcando el ritmo frenético de su desesperación. Caminaba rápido, casi corriendo, como si intentara huir de un incendio que amenazaba con devorarla por completo. Karina se había equivocado al corresponder ese beso. Tenía que irse, tenía que huir, tenía que perderse del mapa ahora mismo.
Sin embargo, Dante no estaba dispuesto a dejar que ese fuego se apagara tan pronto. Sus pasos, largos y decididos, la alca