El regreso a casa ya no se sentía igual para Luciano.
La rutina de cruzar el umbral se había transformado en algo completamente distinto. Antes, sus pasos eran apresurados, impulsados por la esperanza casi agónica de encontrar una sonrisa de Karina o algún gesto de complicidad que, con el tiempo, dejó de llegar. Sin embargo, en los últimos días, su mirada ya no buscaba la puerta cerrada del dormitorio principal. Casi sin darse cuenta, sus ojos se desviaban hacia el rincón de la estancia donde A