Mientras la ciudad dormía bajo la falsa calma de la noche, la cabaña en el bosque hervía como una olla a presión. Julián había estado consumiendo por el odio y el whisky barato. Caminaba de un lado a otro, haciendo crujir las tablas del suelo, mientras Olivia intentaba abrocharse el vestido con dedos torpes. La mirada de Julián ya no buscaba su cuerpo; buscaba un culpable.
Llevaban semanas intentado deshacerse de Dante, pero el maldito continuaba tan aferrado a la vida como un marinero en una e