La terraza del restaurante colgaba sobre la ciudad como un nido de cristal bajo una luna llena que bañaba todo. Karina observó el entorno con ojo crítico. Vio los manteles de lino pesado, el aroma a velas de sándalo y una orquesta que desgranaba notas de jazz suave al fondo. No le sorprendía el despliegue. Dante siempre había tenido una debilidad por lo ostentoso, pero le resultaba irónico que la trajera a un lugar tan sofisticado ahora, cuando durante su matrimonio las salidas se contaban con