Para Luciano Stanton, el universo colapsó en una sucesión frenética de destellos de cámaras y notificaciones judiciales. El peso del papel oficial que lo citaba en la jefatura de policía para responder por la denuncia de agresión sexual quemaba en sus manos y lo hizo sentirse más pequeño que una hormiga. Su pulso se desbocó, no ante el temor a las celdas, sino por el horror absoluto de saber que Karina lo consideraba capaz de tal atrocidad.
Desesperado, Luciano intentó localizarla durante horas