Amadeo entró en la habitación con el ceño fruncido, y sin decir una palabra, le tendió a Abril una invitación. Un sobre elegante, de papel marfil, con bordes dorados. Ella lo tomó entre sus dedos temblorosos. Al abrirlo, lo primero que leyó fue el nombre de Jessica.
Su mirada se congeló. El aire pareció desaparecerle de los pulmones.
—¿Qué es esto…? —murmuró, apenas audible.
Amadeo no respondió, pero la ira contenida en sus ojos hablaba por él.
Abril sintió un escalofrío recorriéndole la espalda