Abril estaba en el hospital.
La habitación blanca se llenaba con el eco de los monitores, las voces de las enfermeras y el jadeo entrecortado de Abril.
Estaba en labor de parto, con el rostro empapado de sudor, los cabellos pegados a la frente y las manos crispadas sobre las sábanas.
A su lado, Amadeo no podía ocultar el temblor de sus manos.
Se aferraba a ella como si pudiera transmitirle fuerza con el simple contacto de sus dedos.
Su respiración estaba agitada, y aunque intentaba mantenerse se