—Gregorio… —la voz de Abril fue suave, pero firme, con esa serenidad que duele más que cualquier grito—. Alguna vez nos amamos, y eso fue real, sincero… y hermoso mientras duró. Pero lo que pasó… —sus ojos se humedecieron— fue un accidente y también una decisión. Tú elegiste no creerme… y yo elegí olvidarte.
Hizo una pausa, dejando que las palabras calaran hondo.
—Me enamoré otra vez… como nunca imaginé que podría hacerlo. Amo a mi esposo, amo a mi hijo… y amo la vida que tengo a su lado. Lo sie