Abril bajó lentamente la escalera, con cada paso sintiendo que el suelo podía abrirse bajo sus pies.
El eco de sus zapatos resonaba en el enorme vestíbulo, un sonido hueco que parecía marcar una cuenta regresiva.
Su corazón golpeaba contra su pecho, pero no era de nervios por una boda… era miedo, rabia, impotencia.
Al llegar al final de la escalera, se detuvo unos segundos para tomar aire. Frente a ella se extendía un pasillo ancho, alfombrado, que conducía hasta el despacho de Gregorio.
Desde a