Abril subió al auto de Amadeo, temblando todavía de adrenalina.
Las luces de la calle pasaban como destellos, como si el mundo girara demasiado rápido para detenerse en lo que acababa de ocurrir. Se sujetó el vientre con una mano, como si ese simple gesto pudiera protegerla de todo lo que vendría.
—Hubieses visto su cara… —dijo de pronto, con una sonrisa que apenas lograba ocultar su temblor—. Ese hombre está en problemas.
Amadeo desvió la mirada del camino para verla, esa chispa rebelde en sus