Alejandro se acercaba sin detenerse, tenía miedo de que un intruso se hubiera metido a robar o hacerle daño a su esposa. Jamás se le cruzó por la mente que al igual que él, ella tenía un amante que la trataba como una reina.
—Cariño, ¡ah mi estómago!
Ella fingió un dolor de estómago, casi se dobló hasta el suelo simulando que era algo repentino e insoportable. Le pidió que la llevara al médico, él la levantó en brazos y la llevó al auto.
Su estrategia había funcionado a la perfección, el tío de