Melissa volvió al auto donde el señor Julián la estaba esperando. Ella le comentó todo, él sonrió de lado y golpeó el volante.
—Sabía que mi sobrino no era idiota, era obvio que pediría algo a su favor. En fin, le daremos lo que él quiere.
—¿Así de fácil lo decides?— cuestionó.
—Estás conmigo. Ahora ya nadie te volverá a humillar, al contrario, le prepararé una sorpresa que deseará nunca haberme provocado en el pasado.
Melissa se quedó con la curiosidad de saber cuáles eran los planes del señor