Melissa regañó a Julián por haber llegado sin avisar y esconderse en su oficina. Él solo sonríe y le recuerda que ahora es el dueño de la empresa y por lo tanto cuenta con privilegios para no ser descubierto por su sobrino.
La puerta fue cerrada, las cámaras de vigilancia indicaban que nadie había llegado en ese momento, afortunadamente.
—Pequeña, es mi primer día aquí y me gustaría estrenar la oficina donde yo debería estar tomando las riendas.
—Entonces quédate y deja de llorar.
—No me refier