Melissa se levantó demasiado contenta y bajó a preparar el desayuno. Para su suerte, este ya estaba servido en la mesa y su hijo junto al hombre ya la estaba esperando.
—¡Buenos días!—. Saludó sin dirigirle la mirada al hombre. Sentía pena, ella se consideraba una carga y más con la sorpresa del día.
El señor Julián pensó que a ella no le había agradado su regalo. Así que, para cortar la tención dijo que saldrían a cenar por la noche. El pequeño Alfonso de inmediato respondió que sí, que amaba