Alejandro despertó. Todo había sido un sueño… una pesadilla que lo hizo reflexionar y darse cuenta del error tan grande que estaba cometiendo con la madre de su hijo.
Estaba sudado, tenía fiebre, mucha fiebre y no había nadie a su lado para que tan siquiera le alcanzara una pastilla. Llamó a su amante Karla para que le viniera a hacer compañía, pero ella dijo que estaba muy ocupada en el bar con unos amigos y que no tenía tiempo para cuidarlo.
—Mañana que ya estés bien nos vemos, ahora no porqu