El elegante hombre le rodeó la cintura con sus grandes y suaves manos coquetas que intentan a toda costa bajar y apretar las nalgas de la chica que se estremece y lo detiene con todas sus fuerzas.
—¿Qué pasa? No es que no te haya tocado anteriormente para que ahora me niegues algo que me pertenece.
—Yo… creo que ha sido un error venir a su casa señor.
Expresó. Zafándose de su agarre y estabilizando su respiración agitada.
Julián sonrió. La atrapó nuevamente y la arrimó contra el escritorio.
—Pe