Al llegar a casa, Adeline se dirigió directamente a la ducha para dejar que el agua caliente envolviera su cuerpo. Mientras el vapor llenaba el baño, su mente regresaba al beso. Sus labios aún conservaban la dulzura del momento, la pasión transmitida.
«Anthony», pensó, consciente de que todo esto era una locura.
“Veámonos mañana”, le pidió.
“No está bien, Anthony. No podemos”
“Podemos, Adeline. Claro que sí”
No supo cómo, pero terminó accediendo a esa cita llena de clandestinidad.
Adeline sa