Aun con toda su resolución de no convertirse en una amante, Adeline no pudo decirle que no a Anthony cuando sugirió la idea de ir a otro lugar. No necesitaba ser muy inteligente para saber a qué tipo de lugar se refería, se trataba de un hotel.
La habitación que les asignaron era sencilla pero acogedora. La cama matrimonial estaba cubierta con una colcha en tonos suaves, y las almohadas invitaban al descanso, con la única diferencia de que no iban precisamente a descansar. Las cortinas eran de