Carol abrió la puerta de la habitación sintiendo una mezcla de emoción y curiosidad. Sus ojos inmediatamente se llenaron de lágrimas al ver el hermoso lugar que había sido preparado para su bebé.
Sophie se adelantó y entró corriendo, mientras señalaba todo a su alrededor, abriendo sus bracitos preguntó:
—¿Te gusta?—sus ojitos se iluminaron.
—Me encanta —reconoció Carol.
Se había mostrado escéptica ante la idea de mudarse por unos meses a la mansión Cooper, pero luego de la insistencia de la