El magnetismo que sentían era inexplicable. En cada beso, en cada caricia compartida, parecían pedir y exigir más del otro. Era como si ninguno de los dos pudiese obtener suficiente. Necesitaban más.
Carol rápidamente se puso de pie y se dejó caer de rodillas. Su mirada fija en esos ojos verdes, fríos, pero al mismo tiempo tan fogosos.
De alguna forma sentía que él la interrogaba con la mirada, que le exigía una explicación ante su irracional actitud. Pero ella tampoco sabía qué le sucedía, l