Lucas salió de casa de su padre abatido, como si le hubieran dado la paliza de su vida. Subió a su coche y no manejó hacia su casa donde seguramente lo estaba esperando el amor de su vida, sino que condujo hacia el lado contrario.
No podía caer en casa con la cara hasta el suelo, tenía que fingir que no estaba a punto de ser padre de un bebé que no era de ella, por lo menos hasta que lo confirmara con los análisis.
Manejó hasta un bar lúgubre de la parte más lejana de la ciudad, uno de esos en