El tiempo en el palacio fluye ahora como un río tranquilo después de la tormenta.
Los meses han pasado, y el invierno ha dado paso a una primavera discreta, y a un verano suave. En los aposentos reales, las fronteras invisibles que Lía había levantado se han ido borrando, no con decretos, sino con el roce de la piel durante el sueño.
Ya no hay nadie en el suelo.
La cama gigante alberga ahora a tres cuerpos. Lía y Magnar duermen enredados, con el pequeño Liam protegido en el espacio seguro entre