Los días en el palacio han adquirido un ritmo nuevo, marcado no por el sol, sino por los llantos y los suspiros de un pequeño príncipe que crece seguro entre sus padres y las paredes del palacio que un día heredará.
En la habitación que solía ser de servicio y ahora es el cuarto más protegido del reino, rige una calma cálida, de esas que nadie quiere abandonar porque se siente demasiado seguro y bien.
—Mi señora, debéis descansar —insiste la nodriza real, una mujer robusta con el pecho descubie