El invierno no se va en silencio, sino que se retira goteando lentamente.
Los carámbanos de hielo que colgaban de las gárgolas del palacio han empezado a derretirse, creando una sinfonía constante de agua contra la piedra. El aire ya no muerde la piel, solo la acaricia con frescura.
Y esos sonidos relajan a Lía, mientras se acaricia el vientre y sonríe feliz. Cada día se siente más plena, como si estuviera en el lugar correcto y, a pesar de que las cosas con Magnar no se han arreglado del todo,