Cuando Magnar llegó esa noche al cuarto, se encontró a una Lía desparramada en la cama, con el ceño fruncido y murmurando cosas que no logró entender. Quiso despertarla o acurrucarse a su lado, pero se detuvo cuando se dio cuenta de lo que eso podía implicar.
Se ha perdido dos días, entre reuniones, salidas y revisiones. Pero ya no puede evitarla más y es tiempo de hacer algo más por ella.
El sol de la mañana ilumina el campo de entrenamiento privado de los Élite, pero el aire se siente denso,