—Gabriel... —susurré con voz temblorosa por la impresión.
—Sara —me respondió, esforzándose por sonreír.
—Su cabello... —extendí la mano, queriendo tocarlo.
—¿Qué tiene mi cabello? ¿Está despeinado? —preguntó algo confundido.
Las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro sin control alguno.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué estas llorando? ¿Acaso Alicia te dijo algo? No le hagas caso, ya sabes cómo es ella de exagerada.
Gabriel parecía no haberse dado cuenta de que su cabello se había vuelto canoso.
Hace a