Sí, todos envejecemos, pero que alguien envejezca de esta manera de la noche a la mañana... realmente duele ver algo así.
Gabriel me preparó el té rojo, pero cada sorbo me sabía amargo.
—Llévate el resto del té, así podrás preparártelo en casa. Es bueno para la belleza y la salud —me dijo mientras empacaba cuidadoso las hojas sobrantes.
Me trataba como a una verdadera hija, y ahora en su amabilidad se notaba también un dejo de culpa.
No pude rechazarlo, eso solo lo habría hecho sentir peor.
—Gra