Recordando lo que acababa de decir, mi respiración se detuvo. Cuando iba a explicarme, Sergio, que estaba arrodillado junto al sofá, se levantó. —La comida está lista, levántate y come algo.
Mientras hablaba retiró instintivo su mano, y me di cuenta de que lo había estado agarrando muy fuerte.
Así que en el sueño no estaba agarrando a mis padres, sino a Sergio, y encima lo había insultado.
Avergonzada, lo solté, y cuando levantó la mano, vi las marcas profundas que mis dedos habían dejado en su